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En otras publicaciones hemos abordado las bondades que ofrecen el comercio electrónico y las nuevas tecnologías para el desarrollo de los negocios (Cómo “navegar” en el comercio sin quedar a la deriva o El modelo de banco en el bolsillo). El comercio electrónico se ha transformado en una política (mejor, en una necesidad) pues es el trampolín de las empresas para incrementar las ventas de sus bienes y servicios.

Las cifras del 2017 mostraron un crecimiento de aproximadamente el 20% de las transacciones a través de este medio (según cifras del Observatorio de Comercio Electrónico de Colombia). Sin embargo, este crecimiento se ha dado principalmente en medianas y grandes empresas. Las pequeñas empresas presentan un gran problema; el uso de herramientas de comercio electrónico, así como sistemas de pago electrónico, pueden resultar en una piedra en el zapato hasta el punto de hacerlas no competitivas.

Volvamos al caso de Lorena. El mes pasado inició el desarrollo de un negocio de venta de ropa a través de internet. Para esto, realizó una inversión inicial para el montaje de su página web, así como en redes sociales para publicitar su negocio. Hasta ahí, ningún problema, son los gastos mínimos para cualquier negocio (incluso más económico que abrir una tienda física; portales de ecommerce pueden cobrar entre USD $20 y $30 mensuales, más un porcentaje sobre las ventas efectuadas).

Pero contar con una página web no es suficiente; para que el negocio pueda desarrollarse 100% online será necesario contar con herramientas de pago electrónico. Por un lado, tener una cuenta bancaria (incluso una CATS), por otro lado, contratar un servicio de pagos en línea. Estos servicios, a su vez que los portales de comercio electrónico, cobran un porcentaje sobre las transacciones (que oscila entre el 3% y el 5% del valor del producto más una suma fija de aproximadamente COP $900 por transacción exitosa).

Adicionalmente, estas ventas tienen que ser transferidas a la cuenta bancaria y el movimiento de dinero en estas cuentas también podrían generar mayores costos para Lorena.

En resumen, por cada venta de una prenda que realice Lorena, deberá asumir unos recargos que oscilan entre el 10 y el 15%. Esta cifra, a simple vista puede resultar insignificante, pero para una persona que está empezando un negocio puede resultar en un porcentaje lo suficientemente alto para no implementar este sistema. De esta manera tendrá que manejar un sistema de pago contra entrega o bajo mecanismos que para el consumidor final resulten ineficientes (ejemplo, giros o consignaciones directas) y que desmotiven la compra.

En una entrevista dada en la revista dinero, Victoria Virviescas, presidente ejecutiva de la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico (CCCE), considera importante el apoyo del Estado para estimular el uso de estas tecnologías y una migración al entorno digital por medio de una reducción o eliminación de asuntos impositivos que se traducen en impuestos para los comerciantes. En esa misma entrevista, consideró que esta situación hace que un pequeño empresario no sea competitivo y que el apoyo del gobierno mediante incentivos impositivos podría generar que den el salto completo al comercio electrónico.

Esta preocupación no sólo se genera en Colombia, en países como España, dos de cada cinco pymes (44%) no son competitivas en comercio electrónico. Así lo indica el Informe Bankia Índicex 2017, hecho público a principios de este mes de julio. La imposibilidad de realizar pagos a través de medios electrónicos es la principal causa de este problema; según el informe, cuatro de cada diez no disponen de esquemas de pago electrónico que permita a los clientes finales realizar sus compras desde la red y al instante.

Con este panorama, es evidente que el gobierno debe tomar medidas oportunas para fomentar el desarrollo de los pequeños emprendedores, de lo contrario las medianas y grandes empresas seguirán incrementando su participación en desmedro de los demás participantes del mercado.

Nicolás Fernández de Castro
Nicolás Fernández de Castro
Temas: Derecho Comercial - Telecomunicaciones - Propiedad Industrial - Competencia
Nicolás ha asesorado a empresas nacionales y extranjeras en la estructuración de esquemas de comercialización de bienes y servicios, especialmente en el desarrollo de contratos de distribución y corretaje a nivel nacional e internacional; en el manejo y operación de contratos de franquicias, así como en contratos de transferencia de tecnología; ha participado en la definición de sistemas de contratación para el sector de las TIC's, principalmente para empresas prestadoras de servicios de Valor Agregado y para desarrolladores de software. Cuenta con amplia experiencia en el desarrollo de mecanismos de protección en materia de Propiedad Industrial e Intelectual.