Select Page

¡Igualdad de Género! Se puede decir más fuerte pero no más claro

Pasan los años y la lucha por la igualdad de género sigue en pie. Recientemente nos lo hizo recordar la actriz Frances McDormand, quien fue reconocida en la edición más reciente de los Oscar como mejor actriz por su papel protagonista en el filme “Tres anuncios a las afueras.”

En su discurso de agradecimiento, la actriz invitó a la industria del entretenimiento a una fuerte reflexión con las siguientes palabras: “(…) Miren a su alrededor porque todas tenemos historias y proyectos que contar y necesitamos que sean financiados. No nos hablen de ello en la fiesta de esta noche, invítenos a sus oficinas y hablamos de proyectos. No llaméis para felicitarnos. Llamadnos para ofrecernos trabajo. En resumen: inclusión“. Un clamor que no sólo se escucha en la industria del entretenimiento, sino en todos los sectores del mundo, y que no sólo pide inclusión sino también igualdad.

Otros ejemplos que encontramos bajo este lema, son por un parte, el caso de de la editora para China de la BBC, Carrie Gracie, quien a través de una carta que hizo pública, anunció su renuncia después de descubrir que ganaba un 50 por ciento menos que sus homólogos masculinos: “Creo que ustedes tienen derecho a saber que [la BBC] está rompiendo la ley de igualdad y resistiendo la presión por una estructura salarial justa y transparente“, escribió Gracie en la carta.

Por otra parte, según un estudio realizado por el portal ticjob.co, el 15% de las profesionales en el sector de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones que laboran en Colombia ganan un 15% menos que sus colegas masculinos; sin embargo, la brecha salarial se expande entre los profesionales con 10 y 15 años de experiencia, pues la diferencia llega a un 22%.

A pesar los anteriores casos, no estamos ante una batalla perdida. Con el paso del tiempo, se ha conocido que las empresas han ido incorporando políticas y esquemas salariales con las que buscan minimizar las brechas que pueden existir entre hombres y mujeres, generando ambientes de trabajo más incluyentes y equitativos.

Empresarios en el mundo han entendido que la diversidad trae ventajas competitivas para los negocios. Según lo publicado por la Revista Dinero en su artículo “Empresas con mejores políticas de equidad de género”, por lo menos el 30% de mujeres en posiciones de liderazgo son más rentables que aquellas que no cuentan con ellas.  A pesar de ello, la misma publicación señala que en Colombia sólo el 38% de las compañías son dirigidas por mujeres, y apenas el 33% de las empresas privadas y el 18% de las públicas tienen políticas de equidad de género.

Si bien, muchos empresarios han ido entendiendo que la diversidad de género es un aspecto clave en el crecimiento de sus negocios, y así también lo han ido interiorizando las empresas que quieran generar una mayor competitividad, lo cierto es que esta es una dificultad constante que exige tanto a mujeres como a hombres contribuir en su solución, y no permite una tregua.

De acuerdo con el último informe del Foro Económico Mundial, un importante porcentaje de las grandes economías en el último año presentaron un retroceso en el cierre de la brecha entre géneros, la cual sigue estando marcada por la gran diferencia entre salarios, carga laboral y la presencia de mujeres en altos cargos públicos y empresariales. Colombia ocupa el puesto 36 en el ranking de igualdad de género de FEM, por debajo de Australia.

Si bien se tienen importantes avances, hay que protegerlos y multiplicarlos. Esto exige por tanto, esfuerzos constantes y persistentes por parte de todos los sectores y por todas regiones del mundo.  Citando a Gloria Steinem icono del feminismo en Estados Unidos: “La historia de la lucha de las mujeres por la igualdad no pertenece a una única feminista ni a una única organización, sino a los esfuerzos colectivos de todos aquellos que se preocupan por los derechos humanos”.

LO QUE DICE LA LEY

A través de la Ley 1496 de 2011 se garantiza la igualdad salarial y de cualquier forma de retribución laboral entre mujeres y hombres, fija los mecanismos que permitan que dicha igualdad sea real y efectiva tanto en el sector público como en el privado y establece los lineamientos generales que permitan erradicar cualquier forma discriminatoria en materia de retribución laboral.

El Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2010-2014 consagra en los artículos 177 y 179 la obligación de construir de manera participativa, una Política nacional integral de Equidad de Género para garantizar los derechos humanos integrales e interdependientes de las mujeres y la igualdad de género.

Cuando un gigante reina: Efectos de la posición dominante en un mercado

El Canal Uno no funciona, el Canal RCN no funciona, hay que aterrizar en una realidad: que con el cable, el computador y los teléfonos, Colombia se quedó para un solo canal”, fue la declaración de Julio Sánchez Cristo en su programa de la W Radio, para hacer referencia a la situación en la que se encuentra el mercado de la televisión en Colombia.

El periodista también comentó que “Si bien es cierto, el canal aún no se ha pronunciado con información oficial y aún faltan muchos datos por confirmar, el canal sí se encuentra en una posición negativa por su caída en los ratings, especialmente en comparación con su competencia directa, el Canal Caracol”.

Más allá de debatir sobre dichas declaraciones, su formulación abre un espacio para analizar qué sucedería en caso de la caída de RCN, dejando a Caracol como único canal privado para Colombia y preguntarnos: ¿qué responsabilidades le competen al canal respecto al mercado en el que opere como dominante? Y si ¿un canal tradicional tendrá posibilidades de competir con los nuevos canales y alternativas de contenidos?

Comenzaré por señalar que en Colombia no se encuentra prohibido el hecho de ostentar una posición de dominio dentro del mercado, sino el abuso que se haga de dicha posición. En ese sentido, a las autoridades nacionales les compete vigilar con rigurosidad que la posición se ejerza de forma sana y equilibrada, pues claramente este poder económico permitirá influenciar notablemente el comportamiento y las decisiones de otras empresas, y eventualmente, de resolver su participación o exclusión en un determinado mercado.

Por eso la empresa dominante deberá conocer y prever razonablemente las consecuencias que sus conductas pueden tener en el mercado, para evitar aquellas actuaciones que sean contrarias a la competencia y obrar en consecuencia. También supone que la empresa tenga que velar no sólo por las conductas y resultados que se produzcan dentro del mercado dominado, sino también por las que puedan producirse o repercutir como consecuencia de su dominación, entre otros mercados próximos.

Ahora, si bien enfrentar una posición dominante en el mercado televisivo puede resultar atractivo y lucrativo, al Canal Caracol aún le quedaría el reto de competir frente a canales alternativos como los de televisión por cable o los nuevos como Netflix, Amazon Instant Video, Epix, Qubit Tv y Crackle, entre otras. Los cuales, además, han propuesto una transformación en cuanto a contenidos más ágiles y con mejores producciones, que resulten irresistibles para un público cada vez más exigente y más difícil de mantener interesado en un solo medio o contenido.

Empresas como Claro y Movistar ya les apuestan a estas nuevas plataformas tecnológicas apoyadas en internet, permitiendo a sus usuarios gozar de un mayor control respecto al tiempo en que pueden disfrutar de sus programas y donde quieran.

La Autoridad Nacional de Televisión señaló que el negocio de la televisión en Colombia sí es rentable y que según sus proyecciones, en una década, la pauta publicitaria podría llegar hasta los $11,7 billones, dado que entrarán a jugar factores como el acceso a televisión por internet, los servicios de streaming y el 4G.

Así las cosas, al Canal Caracol aún le quedan pendientes un par de batallas por pelear y ganar, pues si bien tiene que mantener su liderazgo en el rating de la televisión nacional, le queda seguidamente el desafío de ajustar su estrategia a las nuevas tendencias de transmisión de contenidos por internet, para mantener su a público tradicional y atraer a nueva audiencia.

LO QUE DICE LA LEY

El Decreto 2153 de 1992 en su artículo 50 registra las conductas que presentan un abuso de la posición dominante, referidas para el cumplimiento de las funciones de control que deberá ejercer la Superintendencia de Industria y Comercio, especificadas en el artículo 44 del presente decreto.

Pagar parte del salario en Bitcoins ¿una medida posible en Colombia?

El bitcoin arrancó el 2017 superando el umbral de los 1.000 dólares por primera vez desde el 2013 y acumuló una revalorización del 215,4% en los últimos doce meses. Asimismo, desde que comenzó el año pasado, el precio de la criptomoneda se ha incrementado un 27% y poco a poco ha ido marcando un hito en la historia del mercado global, al llegar a cotizar por encima del oro.

De ahí que un mayor número de empresarios en el mundo se estén viendo atraídos por esta bola de nieve virtual, y estén abriendo canales para facilitar su incursión y negociación.

Comercios online como Microsoft, Tesla, Amazon o Subway, entre otros, han ido incorporando la posibilidad de pago con esta moneda a través de Internet para prácticamente la totalidad de los bienes de consumo más comunes.

Adicionalmente, existen múltiples casas de cambio en línea que permiten al igual que las casas tradicionales, canjear los bitcoins por cualquier moneda real; o si se quiere, aplicaciones móviles que permiten sacar el dinero en euros en efectivo al instante en miles de cajeros en España.

Facilidades como estas, sumado al creciente valor de esta moneda virtual, ya están haciendo considerar a empresarios en la posibilidad de pagar el salario de sus trabajadores en bitcoins.

Países como Japón y Canadá ya han establecido acuerdos con sus trabajadores para pagar parte de su remuneración salarial en Bitcoins. La Compañía Japonesa GMO Internet, que opera varios negocios online incluyendo gestión de páginas, publicidad y servicios financieros, estableció acuerdos con sus empleados en Japón para pagar una fracción de su salario mensual de hasta 100.000 yenes (890 dólares, 755 euros) en bitcoin.

Sin embargo, en Colombia la posibilidad de incorporar esta nueva forma de remuneración en el mercado laboral nacional no se ve tan clara.

Por una parte, podría considerar el Bitcoin como una remuneración en especie, y en tal sentido no podría exceder el 50% del pago para un trabajador que devengue más de un salario mínimo mensual. Y por otra parte, puede existir la tesis de aquellos que señalen que al bitcoin -una divisa no reconocida en el país- cualquier pacto que le involucre como medio de pago resultaría ilegal.

La Corte Suprema de Justicia respecto al pago del salario en moneda extranjera, en una sentencia de 2011 en la que dirimió el conflicto entre un trabajador extranjero que exigía el pago en dólares (o subsidiariamente en pesos) la reliquidación de unos derechos laborales, precisó que la decisión de pactarse el salario en moneda nacional o extranjera corresponde exclusivamente al trabajador, de manera que el empleador no puede arrogarse esta decisión, ni tampoco lo podría hacer en principio un juez.[1]

Pese a que nivel mundial se tiene una buena aceptación respecto al uso del bitcoin, lo cierto es que la fluctuación de su valor, su corta edad, su uso especulativo y la ausencia de un reconocimiento legal como una divisa real, hacen que su posibilidad de incorporación en acuerdos salariales con trabajadores en el país aún se tenga como un panorama lejano.

[1] Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral. Sentencia Rad.  34274 de 1 de marzo de 2011.  MP. Francisco Javier Ricaurte Gómez.

EL BITCOIN EN COLOMBIA

La Superintendencia Financiera de Colombia en consideración a su auge y a los problemas que han enfrentado las plataformas transaccionales en las que se cotizan y negocian estas monedas, emitió las Cartas Circulares 29 de marzo 26 de 2014 y 78 de noviembre 16 de 2016, con el objeto de advertir, tanto a las entidades vigiladas como al público en general, acerca de los riesgos a los que se exponen cuando adquieren y transan con estos instrumentos que no están regulados, ni respaldados por ninguna autoridad monetaria o activos físicos y cuya aceptación es muy limitada.